El cerebro tiene sus trucos para asegurar la supervivencia y
recompensarnos con dosis de placer la búsqueda de comida y sexo. ¿Cómo
irrumpen las drogas en esos procesos químicos? Aquí va un diálogo sobre
la abstinencia, la adolescencia y las adicciones.
–Usted
es licenciado en psicología, doctor en ciencias biológicas y, además de
profesor, trabaja en el Instituto de Investigaciones Médicas Mercedes y
Martín Ferreyra (Inimec).
–Así es.
–Bueno, cuénteme en qué trabaja.
–En todo lo que tiene que ver con modelos animales de adolescencia,
con ratas y roedores, y específicamente con los efectos del alcohol.
–¿Puede haber ratas alcohólicas?
–No, en general no. El alcoholismo tal cual existe en los humanos es
una patología que sólo existe en los humanos. Cuando se empezaron a
hacer los primeros modelos con ratas, lo que se buscaba era hacer que
las ratas actuaran exactamente igual que los humanos, que buscaran
alcohol voluntariamente. Pero ésos fueron modelos que no servían: no se
podía replicar exactamente la patología.
–Con respecto a las adicciones, hay dos aspectos. Está el aspecto químico y el psicológico, ¿no?
–Esta discusión sobre la dependencia física y psíquica estaba muy
presente en los ’90. La distinción entre la adicción psicológica y
química se ha borrado. En este campo puntual, la dualidad
químico-psicológica se ha superado.
–Yo entiendo que lo psicológico tiene bases bioquímicas.
Pero lo que le pregunto es si el proceso de adicción está generado por
bases bioquímicas asociadas a lo psicológico o por bases bioquímicas que
no tienen nada que ver con lo psicológico.
–En mi investigación me es muy difícil diferenciarlas. Porque yo sé
que puedo bloquear la cadena bioquímica de adicción con un fármaco.
–Pero si la adicción es puramente química...
–Es que no existe una adicción puramente química. Esa era la idea
que estaba detrás de las granjas prisiones para adictos. Se suponía que
después de cuarenta días de encierro y de pasada la abstinencia, la
adicción estaba superada. Pero esa idea cae cuando se verifica que hay
elementos psicológicos que vuelven a activar en quienes estuvieron
encerrados el deseo de consumir.
–¿Cómo es el proceso de la adicción?
–Lo que las teorías indican es que las drogas actúan como actúan
otros reforzadores naturales, como la comida y el sexo. Actúan sobre los
mismos correlatos biológicos, áreas de recompensa del cerebro que han
sido preparadas por la evolución a lo largo de millones y millones de
años para que cuando hagamos estas actividades sintamos placer y, por
eso, busquemos este tipo de actividades. La idea general de las teorías
de las adicciones es que las drogas “secuestran” estos centros
biológicos sin tener mecanismos de freno. La saciedad después de comer,
por ejemplo, funciona como un mecanismo de freno. En el caso de las
drogas no sólo no hay mecanismos de freno sino que, por ejemplo, cuando
se deja de consumir y se vuelve a consumir hay fenómenos como el
desarrollo de mayor sensibilidad que llevan a un mayor consumo. Y una
vez que se corta el consumo aparece la abstinencia.
–Bueno, pero hay drogas que producen abstinencia y otras que no. ¿Y qué quiere decir que “secuestran” el centro de placer?
–Es una metáfora. El cerebro no fue creado para un mundo donde se
utilizaran drogas de abuso; sino para solucionar problemas como búsqueda
de alimentos, de pareja, etc. Por lo tanto, lo que hace la sustancia es
ocupar un funcionamiento que está preparado en realidad para
reforzadores naturales como sexo, comida y agua. Respecto de eso de que
hay algunas drogas que producen abstinencia y otras que no, tendría que
decirle que todas las drogas (y no hablo de las ilegales, sino de todas)
actúan grosso modo de la misma manera. Las diferencias son más
cuantitativas que cualitativas en la manera en que alcohol, tabaco,
nicotina, marihuana y heroína actúan.
–¿Cómo es la cosa a nivel micro?
–Lo que hacen todas las drogas (las legales, las ilegales y las
terapéuticas) se debe a la interacción con proteínas específicas
(neurotransmisores). En general, las drogas lo que hacen es interferir
sobre los mecanismos de transmisión sináptica. Las neuronas se comunican
internamente vía eléctrica y cuando tienen que comunicarse entre una y
otra lo hacen a través de un mensajero químico. Le pongo el ejemplo de
la cocaína. Hay unas vías nerviosas específicas, la dopaminérgicas, que
se sabe que están muy implicadas en situaciones de placer. Cuando se
disparan esas neuronas y liberan dopamina al espacio sináptico hay otras
proteínas que recapturan la dopamina y la devuelven a las células. La
cocaína impide que actúen estas proteínas que recapturan la dopamina,
por lo cual hay un sistema de liberación de dopamina que no tiene
control. Las anfetaminas, por su parte, no sólo impiden la recapturación
de la dopamina sino que aumentan su liberación.
–¿Y la abstinencia o la saciedad cómo son molecularmente?
–Veamos la abstinencia. Cuando hay una presencia continua de la
droga, lo que hace el sistema nervioso central es tratar de compensar
para tratar de mantenerse él mismo en estado inicial, de equilibrio. Si
lo que hace la cocaína es activar mucho estas neuronas dopaminérgicas,
va a haber lo que se denomina una “regulación para abajo”; es decir, va a
haber menos receptores dopaminérgicos, para tratar de que por más que
haya mucha dopamina en el medio, no tenga tanto efecto. El tema es que
cuando uno saca la droga se encuentra con un sistema nervioso anormal,
que está preparado para funcionar en presencia de la droga. Tengo pocos
receptores cuando, en verdad, debería tener más. En general, lo que se
ve es que los mecanismos normales de regulación (de fluidos, de agua,
etc.) son mucho más precisos, mucho más fáciles.
–¿Y por qué los animales no son alcohólicos?
–Eso tiene que ver con que los modelos que utilizamos nosotros no
son homólogos a los humanos sino análogos. Lo que estamos buscando es
reconstruir pequeñas partes del fenómeno que se da en humanos a partir
de la rata (porque es más simple, porque tenemos mayores posibilidades
de sacar datos más rápidos, porque podemos evaluar el patrón genético,
podemos hacer en dos o tres meses estudios que en humanos llevarían 40
años). Pero lo malo es que estamos analizando elementos parciales del
fenómeno. Respecto de por qué no desarrollan adicción, creo que sería
una excelente pregunta para un proyecto. Yo no me animaría a darle la
respuesta. Hay que hacer una aclaración: no desarrollan adicción
naturalmente. Uno puede, y de hecho se hace, generar en los animales
ciertas adicciones, pero luego de procedimientos experimentales.
–¿Y qué es lo que usted está buscando averiguar?
–Hay toda una tendencia actual que intenta ver si la adolescencia
como fenómeno del desarrollo muestra diferentes reacciones a las drogas,
y si este patrón de comportamiento particular de los adolescentes los
pondría en riesgo de incurrir más rápido en un consumo exacerbado,
regular, con más posibilidades de caer en abuso y dependencia. En
humanos y en animales, la misma dosis de alcohol en adolescentes y en
adultos hace que en el adulto el efecto sedativo suceda mucho más rápido
o a dosis más bajas. Los adolescentes son más resistentes. Obviamente,
al ser más resistentes, pueden consumir por un período más largo. Esa
diferencia ontogenética expone a una población al riesgo de seguir
consumiendo. Ese tipo de fenómenos nosotros los estudiamos en el
laboratorio y vemos si efectivamente esas diferencias en la respuesta se
asocian con una mayor predisposición al consumo en los adolescentes.
–¿Y qué es lo que haría que los adolescentes consuman más?
–Hay varias teorías. Una de ellas hace hincapié en que el cerebro
está todavía en proceso de desarrollo. La corteza prefrontal del
cerebro, que está involucrada en procesos de regulación, planeamiento y
ejecución de la acción todavía está desarrollándose. Y cuando a un
individuo adolescente se le da alcohol, ese tipo de funciones se afecta
más que en adultos. El alcohol, entonces, estaría interfiriendo en
procesos de desarrollos típicos de la edad.
–¿Trabajan siempre con ratas?
–En mi caso, sí. Le doy un ejemplo de cómo trabajamos en ratas con
este último tema. Una de las cosas que genera el alcohol es la
relajación. Nosotros evaluamos que hay diferencia entre adolescentes y
adultos en este aspecto. A los animales les damos alcohol siempre en una
cajita con una característica determinada. Otro día le damos una droga
inocua en otra cajita. Hacemos eso varias veces. El último día lo
ponemos en un laberinto para que pueda elegir a qué sector quiere ir. En
general se encuentra que los ratones buscan activamente el lugar en
donde está la droga. Esa es una de las formas de evaluar el poder
reforzante de las drogas. Nosotros hicimos esto con ratas adolescentes y
adultas, y quedó demostrado que las adultas no mostraban ningún tipo de
preferencia, mientras que las adolescentes sí. Ahí hay una diferencia
de reacción al alcohol entre edades.
–Una de las teorías, entonces, es que el cerebro está en etapa de desarrollo. ¿Qué otras hay?
–Están interconectadas, en general. Una es la que usted dice; hay
otra que tiene que ver con la mayor resistencia de los adolescentes y la
posibilidad de consumir con mayor placer que los adultos. Eso generaría
un patrón de riesgo. La consecuencia sanitaria de todo esto es apoyar
la idea de que hay que tratar de restringir la edad de inicio de los
adolescentes, porque eso podría disminuir las posibilidades de abuso y
dependencia posteriores.
–¿Y las benzodiazepinas como el clonazepam, diazepam, etc.?
–Uno esperaría que muchas de estas cosas funcionen igual para las
benzodiazepinas que para el alcohol, porque comparten mecanismos de
acción.
–¿Y la nicotina?
–Si uno hace el cociente entra la gente que la prueba y la gente que
se hace dependiente, uno la puede catalogar como la droga más peligrosa
que hay.
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