
1868
Lisandro de la
Torre nació el 6 de diciembre la ciudad de Rosario (Santa Fe,
Argentina). |
1890
Al graduarse de
abogado elaboró su tesis doctoral sobre municipios y comunas.
Este documento y su posterior acción instalaron en Argentina la idea
de la "autonomía municipal", que en 1994 alcanzó rango constitucional. |
1897
De la Torre se alejó de la Unión Civica Radical (UCR). |
1898
Fundó en Rosario el diario "La República", con Florencio
Sánchez como Secretario de Redacción. |
1908
Se constituyó la Liga del Sur en Rosario. Del acto fundacional
participaron, entre otros, Lisandro de la Torre, Fernando Pessan,
Francisco Correa y Enrique Thedy. |
1911
De la Torre fue
electo diputado provincial en representación del departamento San
Lorenzo. |
1912
Por la Liga del
Sur, obtuvo la banca de diputado nacional. |
1914
El 14 de diciembre se realizó la Asamblea de Constitución del
Partido Demócrata Progresista (PDP), en el Hotel Savoy de Buenos Aires.
Además de Lisandro de la Torre, estuvieron presentes Felipe Arana,
Gervasio Colombres, Gustavo Martínez Zubiría, Joaquín V.González,
José F. Uriburu, Carlos Ibarguren, José María Rosa, Alejandro Carbó,
Benito Villanueva y Julio A. Roca (h). |
1915
La Convención del Partido Demócrata Progresista proclamó la
formula De la Torre-Carbó para las elecciones presidenciales de 1916,
en las que triunfó el candidato por la UCR, Hipólito Irigoyen. |
1919
De la Torre se presentó como candidato a senador por Capital
Federal, pero fue derrotado en los comicios. |
1921
El 13 de agosto, con gran influencia del Partido Demócrata Progresista,
se sancionó una nueva Constitución Provincial en Santa Fe,
una de las más modernas y progresistas de su tiempo. Pero fue vetada
por el gobernador radical Enrique Mosca. |
1922
Se eligió
a Lisandro de la Torre como diputado nacional por Santa Fe. |
1925
De la Torre anunció
su retiro de la política activa para recluirse en su estancia de Pinas.
|
1928
El PDP sufrió en Santa Fe una categórica derrota. Fue entonces
cuando el candidato a gobernador en esos comicios, Francisco Correa,
pronunció la frase: "somos pocos para triunfar, pero muchos
para desaparecer". |
1931
Se conformó la Alianza Demócrata-Socialista, con la fórmula
presidencial De la Torre-Nicolás Repetto, la que perdió contra
la fórmula Justo-Roca. |
1932
Luciano Molinas asumió la gobernación de la provincia de Santa
Fe en representación del PDP y puso en vigencia la Constitución de
1921. Realizó una tarea de gobierno ejemplar. Lisandro de la
Torre ingresó al Congreso de la Nación como senador. |
1933
Se dictó, con mayoría del PDP, la Carta Orgánica Municipal
de Rosario. Se trató del primer instrumento legal destinado
a otorgar el derecho a voto de la mujer. |
1935
De la Torre, luego de que su correligionario Julio Noble lo intentara
sin éxito en la Cámara de Diputados, inició en el Senado la
investigación del comercio de carnes. En medio del proceso, asesinaron
a su discípulo y senador electo, Enzo Bordabehere. Se intervino la
provincia de Santa Fe. |
1939
El 5 de enero Lisandro de la Torre se suicidó en Capital Federal,
agobiado por su situación patrimonial. En el cementerio El Salvador
de Rosario está depositada una urna con sus cenizas. En el Museo Histórico
Julio Marc, también de Rosario, se encuentra reproducida, con su mobiliario
original, su residencia de Esmeralda 22 de Capital Federal. |
Lisandro de la Torre y el debate de la carne
|
El 27 de mayo de 1935 una comisión
investigadora del Senado de la Nación presidida por Lisandro de la
Torre presentó un informe, que contenía cuarenta y ocho conclusiones
sobre los perjuicios que acarreaba para el país el comercio de carne
con Inglaterra tras la firma del pacto Roca-Runciman. Desde septiembre
de 1934, De la Torre venía denunciando las ventajas otorgadas a
Inglaterra con la anuencia del gobierno local tras la firma de ese
acuerdo. |
Autor: Adaptación del libro Los mitos de la historia argentina 3, de Felipe Pigna, Buenos Aires, Editorial Planeta, 2006. |
El 8 de septiembre de 1934, De la
Torre sostienía en el parlamento: “el ministro argentino, señor Duhau,
parece el ministro de algunos de los dominios británicos. El ministro
de Agricultura sabe perfectamente que los frigoríficos constituyen un
monopolio escandaloso; el ministro de Agricultura sabe perfectamente que
realizan ganancias ilícitas; el ministro de Agricultura sabe mejor que
yo que se quedan con la mitad de los cambios. Esta es obra del
monopolio…; pero nunca se ha visto un gobierno como el actual y sobre
todo un ministro de Agricultura como el actual, entregado
desembozadamente a la tarea de impedir que comience, aunque sea
débilmente, la exportación cooperativa. Incumplimiento de leyes;
suspensión del cobro de multas; falta de fiscalización en el pago de
impuestos, regalo de un 25 por ciento de divisas; tolerancia del
apoderamiento de los beneficios en el cambio; ocultación de los bajos
precios de compra de los novillos mediante la publicación de
estadísticas inexactas; ignorancia igualmente oficial de los precios de
venta; persecución a las compañías frigoríficas argentinas; regalo de
la cuota del 11 por ciento durante dos años a los frigoríficos del pool
extranjero; aceptación de que los argentinos sean inhibidos, que
Inglaterra sea dueña de mantener un monopolio sobre la exportación del
85 por ciento de la carne argentina, eligiendo ella los importadores,
condición deprimente esta última que no se ha atrevido a imponer ni a
sus propios dominios”(1).
De la Torre denunció el acuerdo en el Senado por
escandaloso y fue poniendo en jaque a aquel gobierno antipopular
surgido del fraude. “El gobierno inglés le dice al gobierno argentino no
le permito que fomente la organización de compañías que le hagan
competencia a los frigoríficos extranjeros. En esas condiciones no
podría decirse que la Argentina se haya convertido en un dominio
británico, porque Inglaterra no se toma la libertad de imponer a los
dominios británicos semejantes humillaciones. Los dominios británicos
tienen cada uno su cuota de importación de carnes y la administran
ellos. La Argentina es la que no podrá administrar su cuota. No sé si
después de esto podremos seguir diciendo: “al gran pueblo argentino
salud”.(2)
De carne somos
[…] La comisión investigadora creada en 1934 se encontró
con todo tipo de trabas. Desde la negativa lisa y llana de las empresas
británicas a abrir su contabilidad hasta la orden impartida por el
ministro de Hacienda, Luis Duhau, a la Dirección General de Rentas de
no brindarle la más mínima colaboración a los investigadores. Los
frigoríficos Gualeguaychú y Grondona, de capitales argentinos,
colaboraron con la comisión y el norteamericano Swift permitió a
regañadientes la labor de los investigadores. Los ingleses estaban
habituados a la impunidad más absoluta, así que decidieron no tomar muy
en serio las denuncias de De la Torre, pero por las dudas decidieron
contratar a abogados vernáculos con muy buenos contactos en el “foro”,
como Horacio Beccar Varela. El frigorífico Anglo, a través del doctor
Beccar Varela, hizo saber que la comisión investigadora no era
bienvenida. Cuando se lo citó a declarar a Mr. Richard Tootell, el jefe
máximo del Anglo, fue bastante escueto, sólo dijo: “No tenemos
oficinas de costos ni llevamos planillas mensuales de costo”. Y
concluyó con absoluta sinceridad: “Yo digo francamente que nosotros no
queremos mostrar los costos privados”. Su abogado defensor fue más
preciso, como consta en el informe de la comisión: “…manifestó el
letrado (Beccar Varela) que la compañía se allanaba a satisfacer el
pedido de la comisión por la presión de la fuerza pública; que no
facilitaría en modo alguno el desempeño de la misión y se limitaría a
hacer entrega de los elementos que se le solicitaran, a cuyo efecto los
contadores serían atendidos por un empleado especial, a fin de evitar
que se dirigieran al personal de la compañía; que no podían ser
considerados bienvenidos y no se ofrecería ninguna colaboración que
excediera los límites expresados; que si tenían algo que buscar lo
hicieran por su cuenta y para ser más expresivo, agregó: ‘que podían
buscar lo que les faltara por el suelo o por los rincones’”.(3)
Harto de tanta impunidad, De la Torre pidió y logró el
arresto del empresario inglés como extrema forma de presión, para que
éste presentara la documentación solicitada. Estuvo preso varios días
hasta que se comprometió a pedir a la casa central de Londres las
planillas. Desde la capital del imperio contestó uno de los mandamases:
Lord Edmundo Veste, dio “su palabra de caballero inglés” de que la
documentación sería enviada de inmediato a Buenos Aires. Las
autoridades locales liberaron a Tootell pero las planillas del
caballero inglés nunca llegaron.
En las bodegas del Norman Star
El doctor Alfredo Palacios había recibido de tres
trabajadores del Frigorífico Anglo la información reservada de que los
documentos contables que con tanto afán buscaban se encontraban
escondidos en un barco inglés anclado en el puerto, el Norman Star.
Ellos habían hecho la estiba y no tenían ninguna duda de que allí
estaba la prueba del delito. Palacios no tardó en pasarle el dato a De
la Torre. Hubo que vencer muchas resistencias de poderosos intereses.
Los ejecutivos del Anglo decían que al ingresar por la fuerza en un
barco inglés estaban agrediendo al Estado británico, porque el hecho
equivalía a allanar una casa en el territorio de Su Majestad. Pero ni
el contador Yasky, un funcionario honrado e insobornable que sería una
pieza clave de la investigación, ni don Lisandro se amilanaron: con la
ayuda de la prefectura lograron ingresar al Norman Star y encontrar en
sus bodegas lo que buscaban. Efectivamente, como le habían dicho a
Palacios aquellos valientes trabajadores, los libros contables estaban
allí, y lo que era muy grave, estaban ocultos en cajas de chilled y
corned beaf con el sello del Ministerio de Agricultura, cómplice
evidente de la maniobra.
La documentación oculta en los cuarenta cajones de “carne
enfriada” dejaba claramente comprobada la estafa al Estado nacional por
parte de la empresa inglesa y detallaba como gastos empresarios los
montos de los sobornos a los funcionarios públicos entre los que había
encumbrados nombres del Poder Ejecutivo, y por lo tanto de la “alta
sociedad” argentina.
El informe presentado el 27 de mayo de 1935 establecía que
existía un total monopolio del comercio de las carnes por parte de los
frigoríficos ingleses y estadounidenses. Se dejaba clara constancia de
la resistencia de las empresas extranjeras a presentar su
contabilidad, lo que a cualquier empresa nacional le hubiera
significado severas sanciones.
El propio contador Yasky cuenta con lo que se encontraron
en la investigación: “De ocho compañías investigadas, sólo la Armour
había sido fiscalizada y otra, La Negra, estaba en trance de serlo. La
Swift no había efectuado, en el año 1933, la retención del impuesto a
los réditos sobre sus dividendos, sin que se diese una explicación
satisfactoria, siendo además violatoria de la ley 11.682. La compañía
Anglo declaraba 75.000 pesos nacionales de utilidades anuales, cuando
en realidad sus ganancias en los últimos tres años llegaban a pesos
m/n. 37.800.000. La Swift Internacional recibió de su filial La Plata,
pesos m/n. 500.000 para pago de impuestos pero dedujo de ellos pesos
m/n. 279.000 a efectos de revalúo por pérdidas, violando así nuevamente
la ley, ante la presunta ignorancia de las autoridades, quienes
inclusive declinaron la facultad de la Dirección de Réditos para hacer
la liquidación de impuestos, delegándola en la propia compañía, todo
ello avalado por el ministro de Hacienda, permitiendo así una evasión
impositiva, penada por la legislación vigente. Asimismo el frigorífico
citado debía al fisco la cantidad de pesos m/n. 135.000”.(4)
Con las pruebas en la mano, Lisandro de la Torre daba
comienzo a su notable intervención: acusaría directamente por fraude y
evasión impositiva al frigorífico Anglo y aportaría pruebas
irrefutables que comprometían directamente en el negociado a dos
ministros del general presidente Agustín P. Justo: Federico Pinedo, de
Hacienda, y Luis Duhau, de Agricultura. Así describía el diario
socialista La Vanguardia el valor de las denuncias de Lisandro: “El
senador De la Torre ha demostrado en su informe que el comercio de
carnes enfriadas está monopolizado por un trust de frigoríficos
extranjeros que operan en el país con la protección oficial del
gobierno inglés y la complaciente tolerancia del gobierno argentino. Es
un trust que gana sumas fantásticas. En el caso del frigorífico Swift,
se sabe que con un capital de 45 millones de pesos ha ganado en cinco
años 91 millones de pesos. Es un trust que defrauda a la Dirección de
Impuesto a los Réditos, pues en el caso del frigorífico nombrado, la
compañía Swift Internacional ha compensado las pérdidas de sus filiales
de Australia, Nueva Zelanda y Río Grande, con las ganancias obtenidas
por la filial argentina, sustrayéndose esas sumas de las ganancias
efectivas y reduciendo el pago del impuesto a los réditos; todo ello
con la complacencia del Ministerio de Hacienda. […] Pero donde el
senador De la Torre hirió de muerte a uno de los ministros acusados, es
al referirse a los ganaderos tratados con guante blanco por los
frigoríficos. De las palabras del legislador santafesino se desprende
que el ministro de Agricultura y sus parientes reciben de parte de los
frigoríficos un trato excepcional. Sus novillos son clasificados para un
destino que no tienen en la realidad y que es favorable para los
vendedores; mientras en casi todas las demás compras los frigoríficos
clasifican la hacienda dándole un destino también distinto al que luego
tienen, pero esta vez desfavorable para el vendedor. […] El senador
santafecino fue, en esta parte de su exposición, tan preciso y
categórico, y dio tal cantidad de datos, fechas y precios, que creemos
que al ministro de Agricultura no le queda otra solución que la
renuncia. Por mucho menos han caído gabinetes íntegros en países donde
existe un concepto cabal de ética política y administrativa”.(5)
Asesinato e impunidad en el Senado de la Nación
Mientras tanto Lisandro de la Torre seguía con su prédica
desde el Senado: “se dice que estoy solo. Eso puede ser cierto; estoy
solo frente a una coalición formidable de intereses; estoy solo frente a
empresas capitalistas que se cuentan entre las más poderosas de la
tierra; estoy solo frente a un gobierno cuya mediocridad, en presencia
del problema ganadero, asombra y entristece; y así, solo, me batiré en
defensa de una industria argentina esquilmada e inerme, como me batí
hace diez años en defensa de la industria de la yerba mate, que dos
ministros poderosos habían condenado a morir, y como me batí hace dos
años por la modesta industria del tomate que apenas empezaba a
desarrollarse en las regiones más dignas de fomento”(6).
El debate fue subiendo de tono y la cara de los ministros
imputados iba virando del color rojo al verde según las palabras de De
la Torre. El primer incidente se produjo en la sesión del 21 de julio,
cuando Duhau amenazó a Lisandro a los gritos: “¡Ya pagará todo esto el
señor senador punto por punto!... ¡Ya pagará bien caro todas las
afirmaciones que ha hecho!”(7).
Dos días después, en la sesión del 23 de julio se
desencadenaría la tragedia. De la Torre seguía aportando pruebas contra
los ministros Duhau y Pinedo y llamó mentiroso al primero a partir de
entonces. Se suscitó una acalorada discusión entre los ministros de
gobierno y el senador santafesino. Lisandro no escuchaba bien las
palabras de su agresor, abandonó su banca y se acercó a Pinedo y a
Duhau. Según el diario La Prensa, en un momento de su alocución
Lisandro quedó “inclinado el busto y parado entre ambos pupitres, a muy
corta distancia del ministro de Hacienda, a espaldas de él”. Fue
entonces cuando Duhau empujó a De la Torre por la espalda y lo tiró al
piso. En su huida apresurada, tropezó con un escalón y cayó también él.
En esos momentos de confusión alguien disparó sobre Lisandro, pero
hirió de muerte al senador santafecino Enzo Bordabehere, quien al
advertir la maniobra se interpuso entre el agresor y don Lisandro.
El agresor comenzó a correr por los laberínticos pasillos
del Congreso y entró a la sala de taquígrafos, donde pudo ser detenido
por el agente Cofone. Tras la detención, Cofone y el subcomisario
Florio le quitaron el revólver calibre 32 marca Tanque con cuatro balas
servidas y dos sin usar. […] La policía pudo establecer que se llamaba
Ramón Valdez Cora, de cuarenta y dos años, ex comisario torturador de
Vicente López, con múltiples procesos por estafas, falsificación de
documentos y extorsiones a prostitutas. La ficha decía que era afiliado
al Partido Demócrata (o sea conservador) y hombre de confianza del
señor ministro de Agricultura Luis Duhau.
En su declaración ante el juez Miguel Jantus, Valdez Cora
confesó ser el autor material del asesinato de Enzo Bordabehere y que
obró por impulso propio en un momento de ofuscación, en defensa de
amigos políticos. Fue condenado a veinte años de prisión, pero quedó en
libertad en 1953 por “buena conducta”. Los instigadores y responsables
directos del crimen, como correspondía a gente “bien” de su “alcurnia y
prestigio”, gozarían de la más absoluta impunidad.
Un Lisandro profundamente dolido anuncia el final del debate
de las carnes: “Sería absurdo pensar que el debate sobre la
investigación del comercio de carnes pudiera seguir con mi
intervención, mientras subsistan en mi espíritu las dudas que mantengo
acerca de que se trajo a este recinto un guardaespaldas, extraído de
los bajos fondos, para gravitar sobre el resultado. Los indicios que
existen son tan vehementes, que no me es posible prescindir de ellos. Si
lo hiciera, faltaría al respeto y al afecto que debo a la memoria del
doctor Bordabehere, y autorizaría a cualquiera a poner en duda la
sinceridad de mi indignación… El primero en lamentar que mi
contrarréplica, que por otra parte estaba muy avanzada, quede
inconclusa, soy yo; pero tengo la tranquilidad de haber producido tales
pruebas y haber hecho tales demostraciones, que no necesito más para
afirmar en la conciencia pública la razón de todo lo que he sostenido
en este debate”(8).
(1) Diario de Sesiones de la Honorable Cámara de Senadores, 8 de septiembre de 1934.
(2) Diario de Sesiones de la Honorable Cámara de Senadores, 8 de septiembre de 1934.
(3) Informe de la Comisión Investigadora del Senado de la Nación, en Horacio N.
Casal, Los negociados, Buenos Aires, CEAL, 1971.
(4) Yasky, Samuel, Lisandro de la Torre de cerca, Ediciones Metrópolis, Buenos Aires, 1957.
(5) La Vanguardia, año XLII, Nº 10.145, 21 de junio de 1935, pág. 1.
(6) De la Torre, Lisandro, Obras completas, Buenos Aires, Américalee, 1957.
(7) Diario de Sesiones del Honorable Senado de la Nación, 21 de julio de 1935, pág. 255.
(8) De la Torre, Lisandro, Obras completas, Buenos Aires, Américalee, 1957.
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Fuente: www.elhistoriador.com.ar |
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