
Lapavitsas cobró protagonismo en la economía heterodoxa desde el estallido de la crisis internacional, cuya actual segunda fase tiene el epicentro en la Unión Europea. Este economista publicó numerosos trabajos sobre la falacia que supone adjudicar la crisis europea a una excesiva expansión fiscal. En cambio propone enfocarse sobre los desequilibrios comerciales que genera la unión monetaria, que aprovecha Alemania y –en menor medida– Francia, y sufren Grecia, España, Irlanda, Portugal e Italia. En paralelo, hay una gigantesca expansión financiera que permite sostener los déficit a través del crecimiento de la deuda pública y privada.
El economista heleno sostiene que una característica central del euro es que cumple con la forma de dinero de aceptación global, sostén del valor de enormes volúmenes de activos, medio de cambio de pagos internacionales y principal competidor del dólar en esa lógica. Pero, además, la moneda europea tiene las funciones de dinero doméstico, que es unidad de cuenta en contratos locales y medio de pago en transacciones internas. “Tal como está concebida la UE, esos dos roles son incompatibles, de ahí viene la inestabilidad. Y los cambios necesarios para compatibilizarlos son imposibles de realizar, dadas las actuales condiciones”, explicó.
Inflación, desbalances en cuenta corriente y en los flujos de capitales en los países que conforman el euro, complican las funciones del dinero mundial. Para combatir esos fenómenos sólo está a nivel regional el Banco Central Europeo, que tiene una política monetaria única para todos los países. “El fracaso fue total. Hubo inflación sostenida de la periferia europea en relación con Alemania, que obtuvo un persistente superávit en cuenta corriente contra estos países.
Para financiar ese desequilibrio en cuenta corriente, los bancos alemanes aumentaron sus préstamos hasta antes de la crisis y después lo hicieron las bancas centrales, generando desbalances de flujos de capitales”, indicó Lapavitsas.
La UE, en la búsqueda por mantener el carácter de dinero mundial del euro, aplicó una política homogénea para realidades diferentes según cada país, contradicción que hace tambalear el armado regional. “La política del bloque es ahora estabilizar las condiciones internacionales del euro, con mayor austeridad, privatización y liberalización. El rol de moneda doméstica quedó subordinado, y generó el colapso de la demanda, más deuda y altos costos sociales”, indicó. “Para que coexistan las funciones de dinero mundial y doméstico se necesitaría un Plan Marshall para la periferia, que mejore allí la competitividad, y que Alemania suba salarios y tenga mayor demanda interna. Además, un repudio total a la deuda en muchos países, reestructuración de las finanzas y una mejor distribución del ingreso. Antes que suceda eso, es más probable que la unión monetaria se rompa, y Grecia creo que dará el primer paso en ese sentido”, vaticinó.
Lapavitsas, asesor del Syriza, partido opositor griego de izquierda, sostiene que el país helénico “va a defoltear y dejará el euro en los próximos seis meses o un año”. “El gasto público continúa cayendo, al igual que la inversión, ante la falta de liquidez, y el consumo, ahogado por el creciente peso de las deudas en un escenario de deflación. Las exportaciones no crecen más, hay una enorme ola de quiebras y los bancos pierden depósitos”, describió. A la vez analizó que, desde el inicio de la crisis, el PBI griego cayó un 30 por ciento; y desde comienzos de 2011, los salarios reales descendieron en algunos casos hasta un 23 por ciento. “La respuesta neoliberal son sucesivos rescates que no sirven de nada, son como el megacanje del fin de la convertibilidad”, comparó Lapavitsas.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-199098-2012-07-20.html