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"La soja se puede mantener un año o más sin venderse" , Luis Miguel Etchevehere, Presidente de la Sociedad Rural

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El Tea Party de Lilita

15.11.10


























































La estrategia de demolición de Carrió y el regreso de Blancanieves y los siete enanitos







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La muerte de Néstor Kirchner parece haber traído aparejados más problemas a la oposición que al Gobierno, a contramano de lo que varios destacados analistas presagiaban en los momentos posteriores al conocimiento de la noticia.
Aquellos opositores que contaban exclusivamente con su antikirchnerismo tuvieron que replantear su posicionamiento, mientras que aquellos que ostentaban un perfil que no abrevaba exclusivamente en el enfrentamiento con Kirchner, quedaron mejor parados.
El contexto cambió profundamente, y se hizo evidente que la opinión pública puso en perspectiva la actuación de Néstor Kirchner en la última década y revalorizó su gestión. Simultáneamente, se brindó un apoyo mayoritario a la presidenta Cristina Fernández quien, a pesar de todo su dolor, siguió con la misma energía de siempre al mando del Gobierno.
Paradójicamente, los que más atacaban la concepción schmittiana-kirchnerista del conflicto como esencia de la política fueron los más perjudicados por la de- saparición del ex presidente, ya que, al fin y al cabo, tenían el privilegio de haber sido elegidos, precisamente, como enemigos, y de esa victimización sacaban su rédito político.
Es bajo el signo de estos reacomodamientos como hay que entender la discusión acerca del presupuesto nacional, que ha cobrado notoriedad no por discutirse la “ley de leyes” sino porque se transformó en el ámbito elegido para operar ese diferenciamiento/reposicionamiento.
Es cierto que ya algunos comenzaban a reevaluar cuál iba a ser su actitud con respecto al Gobierno. Uno de los más tempraneros, quizás por estar ya ducho en el arte del reposicionamiento, fue Felipe Solá, preanunciando la crisis que afectaría al Peronismo Federal, cuando Carlos Reutemann anunció su alejamiento de ese espacio más virtual que otra cosa. Lo de Reutemann es notable: dado su estridente ausencia, cualquier gesto suyo, por pequeño que sea, desata la furia de los hermeneutas de la nada,  que pasan a interpretar “lo que en   realidad quiso hacer”.
Una de las versiones más creíbles es que el Lole está decidido a salir de boxes para asegurar (en un principio) el triunfo del peronismo en la provincia de Santa Fe. Otros, en cambio, consideran que una vez que se calce el buzo antiflama no se detendrá en una candidatura a la gobernación sino que seguirá acelerando, como cuando le indicaron desde su escudería que se conformara con un segundo puesto detrás del australiano Alan Jones, y lo pasó, escudándose luego en aquello de “no había visto los carteles”.
El resto de los integrantes del Peronismo Federal ha quedado como esas patrullas perdidas de soldados japoneses de la Segunda Guerra a las que se descubría, décadas después del fin del conflicto, fusil en mano, en medio de la selva, creyendo que la lucha continuaba. Así, Eduardo Duhalde sigue proclamando a los cuatro vientos que no bajará su candidatura presidencial para 2011.
Pero, como siempre, la bomba que buscó, más que el reacomodamiento, la demolición fue lanzada por Elisa Carrió -quién si no-, que en medio de la discusión del presupuesto nacional denunció, tal su costumbre, la existencia de un pacto espurio entre el kirchnerismo y el radicalismo. “Pacto de Olivos II”, así lo bautizó, concertado, primero, para lograr quórum y luego para obtener la aprobación en general del Presupuesto.
Como para acercar todas las metáforas antiperonistas y antirradicales, Lilita, con voz estentórea, afirmó que había corrido de nuevo “la Banelco”, pero esta vez la de Cristina, como para dejar bien claro que para ella -Carrió- no había tregua por duelo ni mucho menos. Y que, en lugar de llamarse al recato, en realidad había decidido duplicar, triplicar o multiplicar la apuesta las veces que fuera necesario, con tal de salir del pozo en las encuestas en el que había quedado los últimos meses.
A diferencia de Julio Cobos, quien quedó paralizado políticamente con la muerte de Kirchner, Carrió salió a despejar la cancha de tibios y a exasperar la consideración del kirchnerismo como anatema y eje del mal. Su ataque fue dirigido tanto a quienes -dado su postura y responsabilidad institucional- estimaban que no podían ni debían dejar al Gobierno sin presupuesto, como a quienes negociaban su apoyo a cambio de cuestiones de su estricta preocupación. Todos fueron puestos por Lilita bajo el manto de la duda, con lo cual otra vez se expuso como el más fiel y rutilante exponente del populismo antipolítico. Una especie de Tea Party pero con sólo algunos acólitos invitados, a los que no les importa en nada echar por la borda lo poco de credibilidad que le queda a las instituciones de la democracia argentina.
Si toda ley está abierta a la negociación con la Presidencia, más aún lo está el presupuesto nacional, el cual, y por algo la Constitución Nacional así lo establece, debe ser elaborado por el Poder Ejecutivo y ser aprobado por el Congreso. Es interesante aplicar la “prueba ácida” de la política que es preguntarse “quién se beneficia”, en este caso, con la no sanción del presupuesto.
Como todo el mundo sabía, el principal beneficiado con la no sanción del presupuesto para el año 2011 iba a ser el gobierno nacional. Si no hay presupuesto para este año quedan vigentes las partidas, instrumentos y estimaciones estipuladas del presente año. Y todos los especialistas consideran mucho más favorable para el Gobierno el presupuesto del 2010, por la subestimación de ingresos e inflación (lo que le permitiría disponer libremente, en 2011, de más de 50.000 millones de pesos en un año electoral) y por la existencia de superpoderes más amplios que los que figuran en el  proyecto que se está discutiendo.
Por otra parte, como lo repitió ad nauseam el jefe de la bancada kirchnerista, Agustín Rossi, ninguno de los congresos que precedieron a éste, negó al Poder Ejecutivo la aprobación de la herramienta presupuestaria. Y, ciertamente, bajo este contexto en el que, más que nunca, Cristina Fernández puede reclamar que no le pongan “palos en la rueda”, el costo de decir que no a la Presidenta pasaría también al debe de la oposición.
Con su denuncia, Elisa Carrió buscó alterar esa ecuación, pero no para rescatar a la oposición de la encrucijada en la que la ponía el kirchnerismo (de “aprobame lo que te mando, si no lo otro será mucho peor”), sino juntando a Gobierno y Oposición Responsable bajo el rótulo de una “concordancia” que no existe en los hechos, para intentar quedar ella como la Gran Opositora.
Por eso, se vio a Ricardo Alfonsín muy enojado, como nunca hasta ahora, en lo que seguramente entendió como una traición de aquella dirigente a la que defendió tantas veces en el pasado frente a sus correligionarios. Y es que, en realidad, la acción de Carrió busca afectar especialmente al radicalismo, y amenaza con generar una dispersión mucho mayor en el escenario político.
Por eso, las corporaciones mediáticas opositoras dieron una cobertura extensísima y muy intensa al discurso de Carrió, y también a las declaraciones de las diputadas, dos (2), que habían recibido llamados desde el Gobierno. Los medios opositores son los primeros interesados en una reacción destemplada de Cristina que la embarque en una guerra de la que, se esperanzan, no termine como con la ley de medios o el matrimonio igualitario, sino que replique los resultados del añorado conflicto con el C.A.M.P.O.
Hoy estamos viendo una foto y nada más que una foto. Pero si la película que viene es una seguidilla de tomas como las que se están observando a partir de la muerte de Kirchner, las próximas elecciones serán, seguramente, una reedición de las de 2007. O sea, de nuevo Blancanieves y los siete enanitos.
Por Luis Tonelli
    

El recuerdo de Néstor por Pepe Salvini

Pepe salvini, asesor y amigo del ex presidente, lo evocará en un homenaje de la oesterheld



 
Se conocieron en la escuela secundaria y compartieron experiencias desde muy jóvenes. Los primeros años de la militancia universitaria en La Plata, el gusto por los deportes y las peripecias de la campaña política en la Patagonia.
El Renault 12 de color rojo, propiedad de Néstor Kirchner, entonces candidato a gobernador de Santa Cruz, surcaba la ruta de Río Gallegos a El Calafate en plena nevada.
Lo manejaba Daniel Varizat. Los demás asientos estaban ocupados por Humberto “Tito” Quiñonez, José “Pepe” Salvini y el propio Kirchner. El viento en ese invierno de 1991 era tan fuerte, condición infaltable en la estepa patagónica, que arrastraba la nieve más blanda hacia las zonas bajas, donde se acumulaba formando una capa que seguía creciendo sobre el asfalto. La ruta quedaba cubierta de blanco, salvo por las huellas que dejaban los camiones. La nieve seguía golpeando sobre el parabrisas cuando el Renault llegó a lo alto de la loma.
El conductor, asustado, frenó. Unos metros más allá, en lo más bajo de la hondonada, se había amontonado tanta nieve que el asfalto apenas se adivinaba un metro abajo. Varizat, Quiñonez y Salvini se bajaron a ver si era posible pasar. Lo vieron más bien imposible. Entonces escucharon una acelerada. “Era Néstor, que se había quedado en el coche. Se mandó con todo. Nosotros nos tuvimos que abrir a un costado”, recuerda hoy Salvini, casi 20 años después.
El desenlace esperable de la  historia, con el vehículo que acelera ante la amenaza de la nieve, sería que el Renault cruzara sin problemas la hondonada. Que lo lograra, y a toda velocidad. Y la anécdota sumaría otro capítulo épico a la biografía de Kirchner, a su terca personalidad. Pero el Renault rojo no pasó. Quedó atascado. Las ruedas de adelante enterradas y las de atrás girando en el aire. Kirchner tenía que llegar rápido a El Calafate para el cierre de campaña.
Cuando sus colaboradores lo miraron, él se limitó a sonreír. “Con las pinzas sacamos dos tramos del guardrail de la ruta, movimos el auto a mano para que las cubiertas entraran en esos tramos de guardrail y lo usamos de trineo. Y así pudimos salir”, cuenta Salvini, compinche desde siempre, compañero de banco del ex presidente en el cuarto año bachiller del Colegio Nacional Nº 1 de Río Gallegos, bautizado República de Guatemala.
Salvini estuvo toda su vida adulta cerca de Néstor Kirchner. Desde que ambos cursaron el bachiller en la capital santacruceña –él era hijo de una familia que había llegado al Sur en los ’50, Néstor tenía cuatro generaciones en Santa Cruz–, Salvini lo acompañó en casi todos sus proyectos. Kirchner lo llamaba, obvio, “Pepe”. Compartieron vivencias de muy jóvenes, luego Pepe fue testigo del esfuerzo casi propio de testigo de Jehová por impulsar una candidatura nacional. “Lo que yo hice siempre con él fue la construcción política, como cuando empezamos a caminar el país, entre 1999 y 2000”, rememora. Hoy lunes, a las 21, Salvini será el centro de un homenaje a Néstor Kirchner organizado por La Oesterheld en el viejo y querido Torquato Tasso. Pepe contará experiencias y dará su testimonio como uno de los amigos y colaboradores más cercanos del ex presidente.
“Yo lo acompañé a todos lados”.  Para la foto posaban como un equipo de fútbol. En realidad conformaban un improvisado equipo de vóley. Eran los estudiantes santacruceños de la Universidad Nacional de La Plata que, tras un improvisado censo y descubrir que eran muchos, decidieron crear un centro de estudiantes propio y organizar actividades. Hacían peñas, bailes, eventos con las fechas importantes para la Patagonia. Y también convocaban a certámenes de fútbol, básquet y vóley con los estudiantes de las otras provincias del Sur. El desafío más picante, porque había conocidos de ambos lados, era con los estudiantes de Tierra del Fuego.
Salvini era una pieza indispensable si la competencia era al fútbol. Su habilidad como mediocampista lo hacía muy reclamado. Su talento con la redonda no pasaba desapercibido para Kirchner, quien durante mucho tiempo lo utilizó para decirle en la cara la misma chicana irónica: “Lo que pasa es que Pepe lo único que hace bien es jugar al fútbol”. Eso le enrostraba, con una mueca canchera.
Néstor prefería jugar abajo. Era defensor central, un puesto en el que hacía valer su altura. “Le gustaba jugar de defensor, pero también le gustaba pisar la pelota, hacer jugaditas. Con el lomo que tenía, y calzaba 45, ¿cómo no iba a jugar atrás? Él decía que jugaba bien”, recuerda su amigo entre risas. Aunque la pasión de Kirchner era el básquet. Se desempeñaba con tesón debajo del aro. Lo suyo era matarse como pivot.
La amistad había nacido en el secundario, al calor de las bromas, pero también de jugarse juntos por las mismas causas. Como en 1967, cuando Onganía viajó a Río Gallegos para inaugurar el aeropuerto. Poco tiempo antes había firmado una resolución que obligaba a los rectores de los colegios nacionales a tener estudios universitarios con orientación pedagógica. Los estudiantes del colegio República de Guatemala decidieron exigir la continuidad de la rectora, Anita Flores de López, quien llevaba más de 15 años al frente de la institución.
La rectora no cumplía con las nuevas exigencias. “Venían las mujeres de los militares, que tenían títulos, para quedarse con todos los cargos. Entonces declaramos el estado de huelga secundaria. Paramos el colegio y movilizamos la ciudad. Sin embargo, muy pocos estudiantes habíamos firmado el petitorio: entre ellos, Néstor y yo”, dice Salvini. Años después, a comienzos de 1971, los dos amigos coincidieron en La Plata para estudiar en la universidad. Habían llegado junto con una oleada numerosa de estudiantes santacruceños. El búnker de todos ellos era “el castillo”, un departamento que se prestaban alternativamente y que alquilaban en la esquina de 47 y la diagonal 80.
El departamento quedaba en el primer piso del edificio. “Ahí vivíamos algunos amigos. Lo teníamos como centro de reunión y de juntadas, porque quedaba cerca del comedor universitario, y era paso obligado para los compañeros del interior. Nos juntábamos para hacer reuniones, para tomar mate y demás”, cuenta Pepe. Al poco tiempo “el castillo” tendría su mascota: un perro del que se habían encariñado varios de sus ocupantes. A finales de 1975, cuando llegaba el verano, ese departamento y ese perro serían testigos de un momento clave en la vida de Kirchner y de su viejo amigo.
Salvini estaba por regresar a Río Gallegos para pasar el verano. Tenía que dejarle la llave a su compañero de departamento. Darle instrucciones para que cuidara al perro. Entonces apareció Néstor, medio engripado, junto a una compañera de la facultad. La presentó como su novia. Era Cristina Fernández. “Néstor no era tímido, para nada. Yo tengo fotos en las que se lo ve chacoteando en los bailes. Era de embromar, de joder. Toda la vida fue igual. Chicanero, ocurrente. Fue un tipo que no cambió absolutamente en nada. Pero no nos imaginábamos que estuviera de novio. Cristina era muy linda. Fue un noviazgo rápido”, recuerda. Al año siguiente Néstor y Cristina se casaron en La Plata. Su historia siguió, y es bien conocida.
Hace unos meses, Salvini pasó por la esquina de 47 y 80, en La Plata. Cuando vio el edificio sacó una cámara y apuntó hacia el primer piso. “Está todavía. El edificio está igual. Le saqué fotos a la pasada, las tengo de recuerdo”, dice el amigo que hoy se propone ayudar con todo a la presidenta. “Yo a Néstor lo acompañé a todos lados. Y a Cristina la veo más preparada que nunca. Ojo, que con ella se van a llevar una gran sorpresa”, advierte, y hace un gesto que parece decir: “Yo les avisé.

Una de Gramsci para arrancar la semana...

“El agua es agua pura y libre cuando fluye entre las dos orillas de un arroyo o de un río,
no cuando está caóticamente dispersa por el suelo ni cuando se difunde enrarecida por la atmósfera.
Así, el que no sigue una disciplina política es materia en estado gaseoso o ensuciada por elementos extraños:
por tanto, inútil y dañosa.”
(Antonio Gramsci)

Epitafio

Epitafio

E. E. M. 19 de octubre de 1925 / 8 de noviembre de 2010
 Por Juan Sasturain

Aquí yace, acostado, el almirante
que murió hace justo una semana.
El que mató a quien se le dio la gana
está acá, con los pies para adelante.
Aquí yace un asesino, caminante,
que hizo y deshizo con la soberana
bendición de la espada y la sotana.
Insúltalo, si no lo hiciste antes.

Aquí yace Massera, el genocida
con apellido que fue marca de helados
y sombreros. La puteada consabida

y este amargo epitafio demorado
se lo dejamos, grabado de por vida
y de por muerte: no hemos olvidado.

¿Qué hacemos con lo que hicieron de nosotros?

12.11.10

Autor: José Pablo Feinmann



Y la grandeza del hombre reside en muchas cosas. 
Reside en que es finito en un mundo infinito, es imperfecto en un mundo perfecto, lo angustia su pequeñez, lo angustia la idea de la nada, lo angustia la idea del dolor, de la injusticia; y también la grandeza del hombre (todavía, porque puede ser que esto no sea para siempre) todavía puede radicar en que se rebele contra lo que intentan hacer de él.
Sartre tiene una frase que dice “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”. 
Esta es una de las frases más fundamentales de toda la historia de la humanidad, porque evidentemente desde que nacemos hacen de nosotros algo. Nosotros nacemos y nos hablan. Recibimos como una esponja palabras, palabras… Cuando empezamos a hablar decimos las palabras que nos dijeron. Es decir, no tenemos un lenguaje propio, creemos que dominamos una lengua y es esa lengua la que nos domina a nosotros. Pero alguna vez diremos una palabra nuestra y esta va a ser nuestra libertad. Entonces es cierto, está el lenguaje que nos condiciona, el entorno sociopolítico que nos condiciona, el inconsciente, todo eso, todo lo que quieran. Pero en algún momento, a partir de algún momento, tenemos que ser responsables de nosotros mismos porque somos lo que elegimos ser. Entonces bienvenida la frase “cada hombre es lo que hace, con lo que hicieron de él”.
La grandeza de la filosofía son estas cosas, entender estas problemáticas, en realidad esto requiere coraje. Porque la vida que alguien lleva puede parecerle injusta, pero es mansa, porque se deja llevar. Bueno, usted a la mañana se afeita, desayuna, va al trabajo, el jefe lo trata mal pero no lo escupe por lo menos, almuerza, se toma un digestivo, tiene problemas con el tránsito, llega a su casa agotado, pero nada grave lo acosó durante el día, saluda a su mujer y pasó otro día en su vida. Sí, pero no pasó, porque no pasó nada en su vida, no pasó nada. O sea, usted la pasó bien, usted no se amargó, usted no se asustó, no se angustió, se deslizó a lo largo de su día como una especie de hoja en la tormenta del capitalismo del siglo XXI, que es el único sistema que está vigente.
¿Pero cuánto más interesante hubiera sido si de pronto, usted se para y dice “pero caramba, qué vida de porquería estoy llevando, no puedo seguir así. Que porquería de trabajo, de familia, la televisión qué basura, muestran solamente algo redondo, ¿no tienen cara las mujeres?” No, olvídese de los ojos, de los labios, no hay más eso, ahora las mujeres tienen una sola cosa: culo. Y usted tiene que ver eso, porque eso le están dando.
Entonces a partir de ese momento usted dice “bueno, esto no va más”. Pero ojo, a partir de ese momento usted está solo. Está solo. Y eso se lo tiene que bancar. Se lo tiene que bancar y eso es una actitud filosófica, y eso es muy difícil, porque usted a partir de ahí dejó de pertenecer a la manada, y comienza a pertenecer a usted mismo. Y cuando usted comienza a pertenecer a usted mismo ya no tiene justificaciones, ya no puede distraerse, tiene que elegir, y usted va a ser el responsable de cada una de sus elecciones.
La filosofía es pues, coraje.

El jefe más maquiavélico

9.11.10



 Por Claudio Uriarte *
* Autor de Almirante Cero. Biografía no autorizada de Emilio Eduardo Massera. Uriarte murió en julio de 2007. Esta nota permanecía inédita hasta hoy.

Para Página 12
Fue de lejos el jefe más maquiavélico, torcido, barroco, dúplice, oportunista y complejo que tuvo el engendro de siete años de duración que se llamó a sí mismo Proceso de Reorganización Nacional. 
También fue de lejos el más ambicioso, y el más inescrupuloso a la hora de tratar de concretar su deseo: conquistar el poder absoluto. Porque el ex almirante Emilio Eduardo Massera quiso para sí mismo mucho más que el rol de represor y estafador por el que hoy se lo recuerda de modo excluyente. 
Fue el más político de los jefes militares de entonces; la represión y la sangre no eran para él más que escalones para lograr sus ambiciones de máxima, en que se imaginaba nada menos que como un nuevo Perón.
Eso lo define como un marino atípico. Desde el apoyo del almirante Domecq García a las bandas rompehuelgas de la Liga Patriótica de la primera parte del siglo hasta el rol del almirante Rojas como jefe del ala dura de la Revolución Libertadora de 1955, desde la temprana convocatoria antiperonista del almirante Vernengo Lima en los días críticos del “gobierno a la Corte” en 1945 hasta el bombardeo aeronaval de la Plaza de Mayo en 1955 y los fusilamientos ilegales de guerrilleros en la Base Naval Almirante Zar en 1972, la Marina de Guerra argentina siempre había encarnado una sola, ininterrumpida línea de conducta como el arma más consistentemente reaccionaria, y de imaginario más aristocratizante, de las que surcaron el proceso político argentino. 
Pero Massera, un ambicioso oficial de inteligencia cuyo rol más importante en el legajo de servicios había sido la jefatura del Servicio de Informaciones Navales, vio en 1972 la oportunidad y la aprovechó sin asco: el país giraba a la izquierda, la vuelta de Perón era imparable y en estas condiciones era posible que un joven contraalmirante saltara dos promociones y descabezara a las reliquias sobrevivientes del gorilismo para postularse como el jefe naval con que el peronismo podía tratar y hacer negocios. “Masserita: usted se equivocó de tren –le dijo una vez Perón–: en vez de ir a Campo de Mayo se metió en el de Río Santiago.”
Efectivamente, se parecía mucho más a un militar que a un marino, por lo menos en el campo de las ambiciones políticas. Pero la pertenencia a la Marina, que por naturaleza es un arma aislada del contexto general, en barcos lejanos o en abstractos ejercicios de Estado Mayor, y que además nunca representó más de un tercio de la cantidad de hombres del Ejército, era una limitación efectiva. Massera resolvió superarla ganando implantación territorial.
Y, en tiempos de la dictadura, eso significaba multiplicar todo el tiempo el papel de la Armada en la represión ilegal. Por eso fue posible el enorme rol de la ESMA –en cuyas primeras operaciones participó en persona– dentro de las operaciones represivas; por eso Massera pudo concretar una decisión aparentemente absurda como la de abrir un Liceo Naval en una provincia mediterránea como Córdoba.
Durante el tercer gobierno peronista, Massera había convertido a la Marina en el arma más sólidamente identificada con el poder político. Muerto Perón, se consagró a seducir platónicamente a su viuda, a la que halagaba con ramos de flores, cajas de bombones y reverencias. 
Cuando el gobierno de Isabel empezó a tambalearse, hizo de la Armada la fuerza más cerradamente defensora de su derrocamiento. El golpe del 24 de marzo no fue planeado en el Edificio Libertador, del Ejército, sino en el más discreto Edificio Libertad, de la Marina, donde desde octubre de 1975 habían empezado a multiplicarse unos misteriosos cartelitos con la inscripción “Area restringida”. 
Todo esto tenía el objeto de negociar de antemano un papel inéditamente protagónico para su fuerza dentro del Proceso que se venía. Lo logró a un grado antes inimaginable, logrando establecer el principio de la subdivisión del poder del Estado en un 33 por ciento para cada una de las tres armas. Ministerios, embajadas, radios y televisiones fueron repartidos de acuerdo a este principio de poder feudalizado. Eso favorecía las competencias y las intrigas internas. Y Massera era un intrigante de primera línea.
Desarrolló una maniobra increíble. Para dentro de las Fuerzas Armadas, era el portavoz de la línea dura; para fuera, era el almirante culto y aperturista de los discursos de estilo literario que decía que “nadie muere por el Producto Bruto Interno”, se oponía a la política económica neoliberal de José Alfredo Martínez de Hoz y desplegaba una incesante actividad internacional con epicentros en el Vaticano y la logia Propaganda 2 de Licio Gelli.
Pero lo más llamativo es lo que trató de hacer en sus cárceles. En un momento, Massera logró tener en una discreta prisión domiciliaria naval a Isabel Perón, a los peronistas de “centro” como Lorenzo Miguel y Carlos Saúl Menem en el buque 33 Orientales y a los Montoneros, a los que quería recuperar, en la ESMA, como una parodia carcelaria del Movimiento Nacional Justicialista. Y si para dentro de la Junta representaba a la línea dura, de modo de favorecer la quiebra del Ejército entre los comandantes de cuerpo y Jorge Rafael Videla, para afuera buscaba negociar con los Montoneros las reglas de la posguerra.
Paradójicamente, lo que determinó el inicio de su decadencia fue su temeridad al confrontar con poderes demasiado grandes, a los que no podía vencer a largo plazo. Uno de ellos fue el Establishment. 
Massera fue responsable sucesivamente de las desapariciones del empresario textil radical y embajador procesista en Venezuela Héctor Hidalgo Solá, de la diplomática argentina Elena Holmberg Lanusse –que empezaba a denunciar sus contactos extranjeros con los Montoneros, incluyendo una presunta entrevista en París con Mario Eduardo Firmenich– y del empresario Fernando Branca, con quien había tenido negocios turbios y de cuya esposa, Martha Rodríguez MacCormack, él era amante. 
Algunos miembros del equipo económico de Martínez de Hoz, como el ex secretario de Hacienda Juan Alemann, nunca dejaron de sospechar que Massera había estado detrás de una misteriosa ola de atentados dinamiteros realizados contra ellos en 1979, como tampoco dejó de estarlo nunca el radical Ricardo Yofre, subsecretario general de la Presidencia de Videla, ante una bomba en el palier de su casa. 
Dentro de este revoltijo sangriento se mezclaban promiscuamente móviles políticos, sexuales y de negocios, lo que convirtió a Massera en un personaje muy peligroso a los ojos de muchos de los que reinan pero no gobiernan. 
E incluso para sus propios camaradas. Un vicealmirante de su Gabinete de Asuntos Especiales me comentó años después: “Que matara por política vaya y pase, pero hacerlo por una cuestión de faldas...”. Quizá sea innecesario recordar que Massera, “El Negro”, era también el Don Juan número uno de la dictadura, disfrutando que el mundo comentara sus romances con modelitos como Graciela Alfano y escritoras como Marta Lynch.
Otro de los dioses desafiados fue el Ejército. Aunque Massera tenía muy buenas relaciones con Guillermo Suárez Mason y otros generales exponentes de la línea dura, desde el desbarranque militar tras la aventura de Malvinas en 1982 el grueso del Ejército empezó a resentir sus intrigas y conspiraciones y decidió acabar políticamente con él. 
La primera vez que Massera estuvo preso no fue en democracia, sino en los últimos tiempos de la dictadura militar, por orden del juez procesista Oscar Salvi, por la causa de la desaparición de Fernando Branca y, de acuerdo a algunas fuentes, por instigación del Batallón de Inteligencia 601.
Pero el núcleo de su fracaso político radicó en que el cumplimiento de su proyecto dependía de demasiados condicionantes que se cancelaban mutuamente. Dependía de que la dictadura se mantuviera, pero no tanto como para que él quedara en los márgenes de su historia; que hubiera cierta apertura política, pero de modo que sólo pudieran emerger él y su raquítico Partido de la Democracia Social; tras pasar a retiro en 1978 empezó a hablar crecientemente como un político de la oposición, pero dependía al mismo tiempo de los recursos de una Marina que seguía siendo parte de la Junta.
La tarea de ser al mismo tiempo la encarnación del Proceso y del Antiproceso fue excesiva, incluso para él. Y cuando la dictadura desapareció en desbande, ya no hubo modo que su “movimiento político” de laboratorio, relaciones públicas, diarios inventados, noche y niebla pudiera sobrevivir en la política de la vida real.
Por eso, incapaz de saciar su sed política, pasó sus últimos años rodeado de un pequeño grupito de amigos y colegas, cada vez más viejos y aislados, para reaparecer algunas veces en público y constituirse en el defensor político de todo lo actuado por la dictadura desde 1976, cuando antes había tratado de surgir como su crítico. 
Muchas veces amagó con la publicación de sus Memorias, y la mano de muchos escritores fantasma pasó sucesivamente por sus páginas, pero el libro nunca quedó en nada más que fárragos de materiales caóticos e incoherentes, como si algunas cosas se resistieran a ser escritas.


Boletin Oficial libre y gratuito

8.11.10


 www.boletinoficial.gov.ar

La Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia de la Nación, dispuso el acceso sin limitaciones, vía Internet, a ediciones anteriores y a la diaria de la publicación oficial. 
La medida regirá a partir de enero de 2011.
El Gobierno dispuso el acceso libre y gratuito, vía Internet, a la edición diaria y a la Base de Datos del Boletín Oficial de la República Argentina.

Así lo dispuso la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia de la Nación a través de la resolución 70/2010; la medida regirá a partir de enero de 2011.

La decisión se adoptó "en el marco del proceso de institucionalidad y transparencia que el Gobierno Nacional ha establecido como política de Estado, que incluye el acceso irrestricto a la información pública", señala la norma en sus considerandos.

La primera sección del Boletín contiene legislación y avisos oficiales, se edita en versión gráfica y vía Internet; y dicha información es imprescindible para el ejercicio de los derechos de la ciudadanía.

Por esa razón se determina que el acceso a la información será de manera libre y gratuita.

Asimismo, para el caso de las separatas y compendios legislativos, editados en forma gráfica, estableció una actualización de su precio.